Subscribe By RSS or Email

noviembre 3, 2011

[Seminci 2011] Día 4. Frit Fald, Shan Zha Shu Zhi Lian, Starbuck y Veljekset

Con un poco de retraso, paso a contaros lo que fue el cuarto día del festival para mí, con cuatro películas más: una maravillosa, una muy buena, una medianamente buena y otra que no merecería ni estar en esta edición que se está caracterizando por su gran calidad. A continuación os cuento cuál ha sido cuál.

La mañana empezó con el cortometraje alemán Kinderspiel (Juego de niños), tierna historia sobre un padre adolescente que no quiere abandonar a su hijo. Aún por su larga duración para un corto (18 minutos), no se hace largo en ningún momento. Al contrario de lo que suele pasar con los actores jóvenes, aquí el protagonista realiza una buena actuación, con sus matices de adolescente y de persona responsable por tener que cuidar a otra persona.

A  continuación pude ver la película danesa Frit Fald (Rebote), una película correcta sin más.

La madre de Louise acaba de salir de la cárcel. La adolescente ve en ella a una mujer dura y fría, pero también seductora. Para ganar su cariño, se deja guiar por ella y entra en un mundo de fiestas, drogas, dinero fácil y relaciones con hombres. Entretanto nadie parece tener presente que Louise es menor de edad.

Con una historia y un planteamiento muy similares a algunas series adolescentes británicas (Skins, As If), esta película sigue la historia de la chica protagonista, Louise, y su viaje a través de la pubertad y su entrada en la adolescencia. En este caso este camino es más abrupto por su situación familiar, por lo que la podremos ver metida en infinidad de problemas dentro del ambiente de la noche. Las actrices defienden perfectamente su papel. Y me repito mucho, pero la actuación de la actriz protagonista, una joven actriz de 16 años que destaca sobre el resto de los actores. Lo más interesante de la película es la forma en la que la directora retrata la forma de comunicarse entre ellos, mediante mensajes de texto por el móvil, que se muestran en la pantalla como si los escribiesen a manos. Una técnica curiosa que hace que, esos tramos, sean visualmente muy atractivos.

La tarde empezó con la enésima maravilla del director Zhang Yimou (La casa de las dagas voladoras, El camino a casa), la película china Shan Zha Shu Zhi Lian (Amor bajo el espino blanco).

La República Popular China durante la Revolución Cultural. Jing, una universitaria de la ciudad, es enviada a un remoto pueblo de montaña para someterse a un programa de ‘reeducación’. Jing es la personificación de la inocencia, pero a su padre lo han encarcelado por ser un ‘contrarrevolucionario’, con lo que su madre no tiene más remedio que mantener ella sola a sus tres hijos. Jing sabe que no sólo su propio futuro, sino también el de su familia, dependen del veredicto de las autoridades sobre su proceso de ‘reeducación’. Pero su comportamiento cauteloso y discreto llega a su fin cuando se enamora de Sun, el atractivo hijo de un oficial de alta graduación. Los dos pertenecen a mundos completamente distintos, por lo que su amor no sólo es imposible, sino también peligroso. Sin embargo, la atracción que los une resulta ser más fuerte que estos impedimentos.

Película intimista de este director sumamente conocido, pero que quizás es más conocido por sus películas de género wuxia como Hero, La casa de las dagas voladoras o La maldición de la flor dorada. En esta película demuestra una vez más por qué se le considera un genio y logra retratar una historia de amor en la China del comienzo del comunismo con una maestría espectacular, parándose en los pequeños detalles, pero a la vez, mostrando unos paisajes asombrosos, con escenas que podrían ir perfectamente en una postal. Además de la historia atrayente de la película, el director logra un ritmo inusual en las películas asiáticas y aunque con una narrativa tranquila, no deja descansar al espectador en ningún momento. A destacar, como en la gran mayoría de películas en este festival, el gran hacer de los dos actores protagonistas y, especialmente, la de ella, que lleva el peso de la mayor parte de la película con una actuación sobresaliente, con pequeños gestos que poco a poco hace que te enamores de su personaje. De hecho, ha ganado el merecido premio a mejor actriz en este mismo festival. Por supuesto, una película recomendadísima, y muy interesante por el tema que trata de fondo (aunque siempre está presente porque influye a los personajes).

A continuación, el corto canadiense Oedipus (Edipo), corto de animación en el que destaca su curiosa historia y la forma de realizar un flashback (como si estuviera rebobinando una cinta de vídeo poco a poco). El problema es que se hace largo (dura 13 minutos) y la animación es bastante desastrosa (además del horrible diseño de los personajes).

La siguiente película ha sido una de las películas más divertidas que han pasado este año por el festival: la canadiense Starbuck, del director Ken Scott.

A sus 42 años, David sigue viviendo como el eterno adolescente. Sortea con el mínimo esfuerzo los escollos de la vida y mantiene una relación complicada con Valerie, una joven policía. Cuando ésta le comunica que está embarazada, una serie de circunstancias hacen que aflore de repente el pasado de David. Veinte años antes, y con el fin de obtener algún dinero, comenzó a donar esperma a una clínica de fertilidad. Ahora acaba de descubrir que, a resultas de aquellas donaciones, ha engendrado nada menos que 533 hijos.

Simpática fábula en el mundo real que sigue a David, el protagonista, a lo largo de la aventura que le ha tocado vivir por algo que hizo en el pasado. La película coge un acto que podría ser algo más en la vida de alguien y lo caricaturiza y agranda de forma descomunal. Gracias a este retrato excesivo de lo sucedido, podemos apreciar una gran historia, divertida, bien contada y con sentimientos. Porque aunque tenga un fondo, como ya he dicho, caricaturesco, la película retrata unos personajes muy reales, con sus miedos y dudas frente a la paternidad (desde ambos ángulos), aunque con numerosos toques de humor que hace de ésta una película a destacar. Por supuesto, el peso lo lleva el protagonista, el actor canadiense Patrick Huard, que demuestra su gran hacer durante todo el metraje. Buen hacer que la Seminci ha premiado este año con el premio a mejor actor.

Va terminando el día y la última proyección comienza con el cortometraje húngaro Ticket. Animación diferente e interesante, que recuerda a la utilizada por Richard Linklater en A scanner darkly pero de una forma más simple, de bocetos. En este gran cortometraje de 9 minutos, se nos cuenta, en un prodigio de la síntesis, toda la vida de una persona, desde el momento en el que es concebido hasta el momento de su muerte. Muy buen corto que se vió recompensado con la Espiga de Oro al mejor cortometraje en esta edición del festival.

Y la última película del día fue la película finlandesa Veljekset (Hermanos), del director Mika Kaurismäki (no confundir con su hermano, el gran cineasta Aki Kaurismäki).

Retrato satírico del reencuentro de tres hermanos con su padre. Ivar (51 años, escritor), Mitja (49 años, productor de cine) y Torsti (51 años, conserje) son hijos del mismo hombre —Paavo (70 años)—, pero de madres distintas. No se han visto en mucho tiempo, pero ahora se reúnen para celebrar el septuagésimo cumpleaños de su padre. El reencuentro les obliga a explorar sus relaciones mutuas y hace aflorar algunos recuerdos traumáticos y ciertas verdades incómodas sobre su padre, a quien los tres culpan de sus respectivos fracasos.

Esta es una de esas películas que intentan abarcar demasiado pero que al final se desborda por todos los lados. Intenta ser una sátira sobre la familia y la relación entre unos hermanos, pero falla en ello al no haber ninguna química entre ninguno de los protagonistas y al terminar siendo un relato que bien podríamos ver en alguna telenovela antigua en plan Dinastía. Intenta ser cine negro, con el misterio que guarda uno de los hermanos y el ambiente opresor de la casa en la que están, pero termina fallando también al dar una resolución fácil y manida a todo el tema. El director contaba que parte de la película era guionizada y parte era improvisada. Quizás ese sea su fallo. Lo que cuenta es que termina siendo una película de 90 minutos que se hace tan pesada que parece que es de 180. Y algo muy incómodo durante todo el metraje, es que los actores no dejan de gritar contínuamente. Estén hablando o estén discutiendo, están gritando. Por lo que ni siquiera merece la pena ni por las actuaciones de los actores, que están todos desorbitados. Muy mala elección para la Sección Oficial que, como dije al principio del artículo, estaba siendo de gran calidad hasta este momento.

Pese al mal sabor de boca de la última película, el día se cerró notablemente, con dos grandes películas que espero que el público las descubra en el momento en el que se estrenen en salas comerciales.

About the author, Raúl Aguado

Cinéfilo desde siempre. Seriéfilo desde hace menos tiempo. Le gustan tanto las películas "palomiteras" como las grandes obras maestras. Se podría decir que ama el cine en todas sus variantes

  • Raúl Aguado

    Un detalle personal a comentar. Starbuck me encantó, y creo que entre el público general sería un éxito, pero al estar en francés, supongo que tendrá peor distribución. Contínuamente me la imaginaba con un remake americano, y probablemente protagonizado por Steve Carrell o Will Ferrell, que les pegaría el papel.